domingo 27 de diciembre de 2009

Pasafisgón

Mientras sigo buscando la inspiración entre las piernas de mi musa, os dejo un vídeo que me ha parecido especialmente morboso.

lunes 7 de diciembre de 2009

Perversiones en el supermercado (II)

No sólo botellas se descorcharan durante estas navidades... :-)

martes 1 de diciembre de 2009

Pelea

Sin tregua, sin respiro alguno desde que salimos del ascensor. Los besos se suceden uno tras otro, acorralándote contra la puerta de tu piso. Sin espacio entre nosotros, más que la ropa que nos aprisiona, aprovecho que buscas la llave en el bolsillo para desabrocharte los primeros botones de la camisa...

No voy a ponértelo fácil... no voy a dejar que te escapes
– te susurro al oído, mientras mi mano agarra con fuerza tu muñeca, ya con la llave entre los dedos. Te giras y te escurres entre mis manos antes de que pueda apresar ambas muñecas por encima de tu cabeza. Pierdo tus labios, pero sigo explorando tus tus caderas hasta encontrarlos de nuevo...

¿A caso no quieres entrar? - clavando tu culo contra mi polla y empezando un movimiento sinuoso, al tiempo que empiezas a girar la llave para abrir la puerta. La excitación aumenta en cada vuelta, en cada suspiro que te arranco, mientras el olor de tu pelo, al lamerte cuello, me hace prisionero de ti.

Inmerso en ti, la puerta se abre para dejarnos caer contra la pared. La puerta permanece abierta. Aún de espaldas, termino desabrocharte la camisa... tu piel está a mi alcance... se acelera tu respiración a mi paso, me acelero recorriéndote. Cae el sujetador.

Tus tetas son presa fácil entre mis manos... tus pezones se enduren entre mis dedos, aún lejos de mi lengua. Tu mano recorrer mi rabo por encima de la tela, desabrochando hábilmente todos los botones que encuentra en su recorrido. Cae mi pantalón.

Te giras y me sonríes - ¿no vas a follarme? - preguntas agarrándome con fuerza mi polla, que no deja de endurecerse hasta presentar resistencia a tu puño cerrándose a su alrededor.

¿No es aquí donde quiere estar encerrado, verdad? - me miras intensamente a los ojos. Palpito en tu puño para liberarme, pero me aprietas con mayor fuerza haciendo mi esfuerzo inútil. Al acercarme más a ti para besarte, mi polla se clava dentro de tu puño descapullándome en su interior... aún así, consigo penetrar tu boca. Tu mano flojea, tu respiración se entrecorta. Cae tu pantalón.

¿No vas a dejar follarte? - te pregunto al clavar el capullo contra la tela de tus braguitas.

Vas a tener que bajarlas tu mismo...
- ni lo dudes.

sábado 28 de noviembre de 2009

Juegos de Facultad

Hace ya tiempo que dejamos nuestros juegos perversos, pero por mucho transcurra nada parece borrar los arañazos que dejaste sobre mi alma. Aquellos que sólo pueden ser infligidos por una jugadora habilidosa, una contrincante sin igual, que no duda en marcar con fuego cada una de sus victorias sobre el otro jugador.

Un mensaje obsceno planteaba una nueva partida. Palabras estratégicamente encadenadas para provocar tu instinto, aquellas que esa tarde te hicieron salir de clase ¿aún lo recuerdas?... aunque quizás ni siquiera me leas...

El ruido de tus zapatos por el pasillo vacío fue la respuesta a mi reto. El silencio y tu mirada cómplice rubricaron unas reglas aún por escribir. Levantándome del banco, mis besos se apoderaron de tus labios, tu lengua forcejeaba con la mía, y mis manos te arrastraban contra la puerta del lavabo que se abría a tu espalda.

Deje de besarte, y te miré. El carmín de tus labios empezaba a desdibujarse. Tus ojos reclamaban más... ¿eso es todo lo que sabes hacer? ¿a caso no has aprendido nada cabrón? - me espetaste sin dudar.

Calla y gírate perra... mucho mejor así... si no te controlas vas a dejar chorreando el tejano... - fue mi respuesta mientras te vendaba los ojos, con las manos apoyadas sobre el lavabo y tu mirada clavada en el espejo.

Ábrete más... vamos... no tenemos todo el día... recuerda que faltan 5 minutos para que termine la clase... ¿no vas a querer que nos pillen verdad? - mis pies golpeaban los tuyos para forzarte a separar las piernas, mientras mi mano frotaba tu entrepierna por encima de la tela. Para ser toda una señorita lo estas dejando todo perdido... - el cinturón no fue obstáculo alguno, los botones del pantalón se abrieron sin protesta alguna, y un gemido profundo se apodero de ti cuando de un golpe lo baje hasta las rodillas... menos ropa para seguir frotando...

¡Deja de jugar con la mano y métemela! - tu respiración se entrecortaba.

¿Qué te hace pensar que es mi mano? - y menos aún cuando notaste como te acariciaba las mejillas... al tiempo que unos dedos extraños se hacían paso entre tus braguitas, para clavarse en tu coño empapado.

!Ohh diós mio! Eres un pedazo de cabrón y tu amigo... - justo a tiempo para clavar mi lengua en tu boca para hacerte callar.

Amigo... mmmm... ¿estás segura? - unas suaves manos apresaron tus caderas, al tiempo que una lengua empezaba a lamerte el coño... y tus gemidos resonaban en las baldosas. Estabas fuera de si, desbocada, arañabas mi muslos intentando mantenerte en pie.

¿A caso no te gusta la sorpresa? Viendo los dedos de tu amiga nadie lo diría. - me regocije de tu descontrol.

¡No te pares pedazo de puta! ¡Sigue comiéndome el coño! - mientras tus manos sacaban torpemente mi polla del pantalón - !Fíjate como la tiene este cabrón, esta a punto reventar! - al tiempo que tu boquita hambrienta engullía mi rabo.

Las imágenes se suceden una y otra vez, pues el juego no hace más que empezar cada día desde entonces.

miércoles 25 de noviembre de 2009

Ascensor

Planta 11. Tu olor vuelve a inundar sin piedad mi mente. Aunque estas de espaldas a mi, puedo ver en el reflejo de la puerta una sonrisa traviesa dibujarse en tus labios. Te excita tener el control, pero te excitas aún más cuando me lo haces perder en menos de una planta.

Planta 10. Las manos son las primeras en ceder a tu juego. No tardan en aferrarse a tu cintura, menos aún en recorren ansiosamente el largo camino hasta tus caderas, para encontrar su destino en el pliegue de la falda.

Planta 9. El silencio se rompe con la respiración acelerada de ambos. Una de mis manos arrastra la falda hacía tu cintura, mientras le abre paso entre los botones de tu camisa. El olor a ti se hace más intenso a medida que la ropa deja de separarnos. No voy a poder parar.

Planta 8. El tiempo no cesa y mi deseo por poseerte no hace más que crecer. Lucho por mantener la falda sobre tu cintura. Se resiste, pero es en vano. Tus braguitas ya no son obstáculo, y caen sobre tus pies marcando el camino al seguir.

Planta 7. ¡Vamos no te pares! - consigues articular. ¿Qué te hace sospechar que me voy a parar? - te respondo al oído, mientras me chupo los dedos que ya se han abierto paso entre tus piernas - mmmm... ¡deliciosa! - La reacción a mis palabras no se hace esperar y separar los pies tanto como te dejan las braguitas.

Planta 6. Mientras agachado, mi lengua sigue el camino que le marca tu cuerpo. El olor la guía desde la parte posterior de la rodilla hasta el muslo interior... de allí hasta tu coñito, la pista está lo suficientemente húmeda para que no se pierda... y los golpes contra la puerta al apoyarte sobre esta son una buena señal.

Planta 5. Mi planta. Me incorporo y te agarro de las muñecas. Un reposa contra la puerta y la otra contra el botón de cierre de las puertas, que mantienes pulsado. Mueves el culo hasta clavarte contra mi polla dura aún prisionera dentro del pantalón. ¿Quieres salir? - Me preguntas sonriendo mientras te mueves obscenamente sobre mi.

martes 24 de noviembre de 2009

En tus límites

Incomprensibles límites se levantan delante mio. Extensos muros te salvaguardan e impiden que me acerque a ti. Todos ellos indiferentes a un sentimiento irrefrenable, sin sentido e incondicional. Aquel que no conoce más barrera que la de tu piel, mayor obstáculo que el de tu lengua. El mismo que inocentemente se encandila recorriendo cada una de tus curvas persiguiendo las gotas de sudor, que se deja caer en cada uno de los surcos, para salir y volver a entrar, cada vez con mayor fuerza.

Un laberinto donde tengo barrado el paso. Donde mis manos luchan con tu sujetador, para luego, exhausto, caer rendido entre tus piernas. No hay entrada ni salida. No hay mapas a que aferrarse, sólo tus gemidos guían el camino a recorrer.

domingo 22 de noviembre de 2009

Sueños Rotos

El calor de nuestras miradas se funde durante unos segundos. El tiempo suficiente para que mi mano encuentre su camino en tu cadera, la temperatura adecuada para fundir el hielo entre tus labios.

Pero el tiempo no se detiene, no mientras mi otra mano recorre suavemente tu mejilla para descender abruptamente por el cuello, siguiendo el mismo rastro de mis besos sobre tu piel, preguntándose ingenuamente dónde escondes la miel que no deja de emborracharla ¿no le vas a explicar el secreto?

No aún no. No te precipites como mis sentidos. Los latidos de tu pecho aún no retumban lo suficiente en mi oído para darme la respuesta que deseo. Demasiada tela entre nosotros, demasiado ruido a nuestro alrededor. Déjame acercarme, déjame escuchar que aún estas viva. Tranquila, no voy a dejar de lamerte hasta estar seguro de tu respuesta.

Gime y dime lo que deseas. Pero quizás para entonces sea demasiado tarde, no voy a penetrarte hasta notar las sabanas húmedas. No hasta que sea inevitable. No hasta que mi cabeza se pierda entre tus sueños, y para entonces no va a querer despertar.