Recuerdo bien tus palabras mientras permanecía parado en la entrada de vuestra habitación.
"Vamos cielo, ¿no te vas a cortar ahora?... no querrás hacerme enfadar ¿verdad?... vamos hazlo por mi, sácatela y muéstranos como la pones bien dura..." - siempre recordaré tu mirada encendida y esas palabras saliendo obscenamente de los labios, mientras te empalabas sobre la polla de tu marido dándole la espalda y de cara a mi. No querías perder detalle de tu obra mientras me desabrochaba el pantalón.
"Así me gusta cariño, desabróchate el pantalón y déjanos ver lo gruesa que se te ha puesto..." - no te equivocabas, estaba muy excitado - "...vamos pequeño, descapulla ese rabo que me tiene empapada ¿o no te gustaría metérmela aquí?" - me ordenaste mientras me provocabas chupando tu pulgar con la boca, dejando en el camino un rastro de saliva perfectamente visible.
Hacía unas semanas nos habíamos conocido en la red, y ya me encontraba a punto de cascármela viendo como tu marido te folla. Sabías como tratar con novatos. Una cosa había llevado a la otra, inocentes frases con doble sentido rompieron el hielo entre nosotros, cada vez que hablamos la conversión era un poco más picante. Sin casi darme cuenta, me hiciste adentrarme en tu mundo de perversiones. No fue tu primera vez, ni será la última. Pero te atraía que fuese la mía. Te fascinaba mi falta de experiencia, así en cada juego que inventabas para corromperme te ponías más y más cachonda.
"Fíjate lo excitado que esta que ya tiene la puntita chorreando... acercate más quiero ver bien como te pasas el dedo por encima como te enseñe... así muy bien, lentamente, lubrícate el capullo..." - mi dedo partía del centro y, haciendo círculos sobre la piel sensible, extendía el líquido para lubricarme. Había perdido la cuenta de las veces me lo habías hecho practicar delante tuyo, por la webcam. ¿Quizás tu si que llevabas la cuenta? Posiblemente.
"¿Ya sabes lo que debes hacer ahora? Eso es... muy bien... ¿has visto que bien entrenado que tengo al chico? Lo he convertido en un adicto a la leche recién ordeñada... jijijiji... si eres obediente luego te dejaré probar la de mi marido..." - le comentaste a tu marido, mientras chupaba mi dedo.
"¿Quieres que continuemos tu adiestramiento cielo?" - Fue la última pregunta que respondí antes de entregarme completamente a ti.
"Vamos cielo, ¿no te vas a cortar ahora?... no querrás hacerme enfadar ¿verdad?... vamos hazlo por mi, sácatela y muéstranos como la pones bien dura..." - siempre recordaré tu mirada encendida y esas palabras saliendo obscenamente de los labios, mientras te empalabas sobre la polla de tu marido dándole la espalda y de cara a mi. No querías perder detalle de tu obra mientras me desabrochaba el pantalón.
"Así me gusta cariño, desabróchate el pantalón y déjanos ver lo gruesa que se te ha puesto..." - no te equivocabas, estaba muy excitado - "...vamos pequeño, descapulla ese rabo que me tiene empapada ¿o no te gustaría metérmela aquí?" - me ordenaste mientras me provocabas chupando tu pulgar con la boca, dejando en el camino un rastro de saliva perfectamente visible.
Hacía unas semanas nos habíamos conocido en la red, y ya me encontraba a punto de cascármela viendo como tu marido te folla. Sabías como tratar con novatos. Una cosa había llevado a la otra, inocentes frases con doble sentido rompieron el hielo entre nosotros, cada vez que hablamos la conversión era un poco más picante. Sin casi darme cuenta, me hiciste adentrarme en tu mundo de perversiones. No fue tu primera vez, ni será la última. Pero te atraía que fuese la mía. Te fascinaba mi falta de experiencia, así en cada juego que inventabas para corromperme te ponías más y más cachonda.
"Fíjate lo excitado que esta que ya tiene la puntita chorreando... acercate más quiero ver bien como te pasas el dedo por encima como te enseñe... así muy bien, lentamente, lubrícate el capullo..." - mi dedo partía del centro y, haciendo círculos sobre la piel sensible, extendía el líquido para lubricarme. Había perdido la cuenta de las veces me lo habías hecho practicar delante tuyo, por la webcam. ¿Quizás tu si que llevabas la cuenta? Posiblemente.
"¿Ya sabes lo que debes hacer ahora? Eso es... muy bien... ¿has visto que bien entrenado que tengo al chico? Lo he convertido en un adicto a la leche recién ordeñada... jijijiji... si eres obediente luego te dejaré probar la de mi marido..." - le comentaste a tu marido, mientras chupaba mi dedo.
"¿Quieres que continuemos tu adiestramiento cielo?" - Fue la última pregunta que respondí antes de entregarme completamente a ti.

2 comentarios:
mmmmmm me pone esta situacion..
a quien no... es perversa y morbosa... tener a un novato cascándosela al lado de la cama, mientras de taladran el coño... y le ordenas que se la chupe a tu marido.
Por metértela lo va hacer todo...
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