"¿no me piensas dar agua?" - estoy sendiento.
"¿A caso estás sediento de perseguirme el culito? ¿o a caso de perforarlo ayer noche? no se si debería darte..." - en tus ojos puedo ver perfectamente que algo estás tramando, bueno eso y la expresión de niña traviesa de tu rostro te delatan.
Mientras te agachas para buscar la botella de agua en la mochila, me dejas a la vista tu trasero respingón. Justo entonces dos hombres maduros pasan corriendo por nuestro lado clavándose sus ojos en ti. No los ves, ni falta que te hace, el ruido de sus zancadas es suficiente para saber que están ahí, detrás de ti y se acerca con un ritmo suave.

Sigues buscando en la mochila, pero sin dejar pasar la ocasión de exhibirte a los ojos de esos desconocidos. Empiezas un ritual para atraerlos a ti. Así, balanceando ligeramente tus caderas provocas el movimiento sensual de tu culito, el cuál mantienes descaradamente en pompa para su disfrute. Los invitas a imaginar como debe ser follarte como a una perra, a poner en pie sus herramientas con tu presencia, deseosas de unirse a ese vaivén hipnotizante.
"Pedazo de putita ¿te has fijado como mueve la cola?" - comentan entre ellos, con la voz entrecortada por el esfuerzo.
Los escuchas y sonríes excitada.
Tienes completamente atrapada su atención. No puedes evitarlo y con una mano te acaricias frenéticamente por encima de las mallas, dejando ir algunos gemidos que los vuelven a atraer a ti. Inclinada tu escote, brillante por el sudor, queda a merced de sus miradas. Notas como se endureces los pezones. Vuelves a sonreirles en señal de aprobación y sigues masturbándote, aún con más fuerza si cabe.
"La próxima vez voy a tener que ponerte la correa y el collar antes de salir de casa, pareces una perra en celo..." - Se perfectamente que me pueden oír, como se que sentirte humillada de esta forma te excita aún más. Putas perversiones que nos vuelven locos.
"¡Serás cabrón! ¡Vas hacer que me corra aquí mismo! ¿te gustaría verdad?" - me espetas.
"Siempre incitándome, recuérdame que a parte de la correa y el collar, te amordace..."
"mmmmmmmm... no tieeeenes huevos para sacarme así a la calle, ¿o siiií?" - estás en medio del clímax.
"ya veremos, por cierto ¿ya has encontrado la botella? Aunque quizás sería mejor que te chupase el conejito, lo estás dejando todo mojado... ¿fíjate como has puesto tus dedos?" - se ven tan apetitosos.
Te incorporas mirándome a los ojos, y con la mano que no tienes agarrada la botella te bajas de un golpe el top, dejando tus tetas al aire.
"¡Ven y chupa mis pezones si quieres agua! ¿o tengo que venir a buscarte y agarrarte por el rabo?"
"¿A caso estás sediento de perseguirme el culito? ¿o a caso de perforarlo ayer noche? no se si debería darte..." - en tus ojos puedo ver perfectamente que algo estás tramando, bueno eso y la expresión de niña traviesa de tu rostro te delatan.
Mientras te agachas para buscar la botella de agua en la mochila, me dejas a la vista tu trasero respingón. Justo entonces dos hombres maduros pasan corriendo por nuestro lado clavándose sus ojos en ti. No los ves, ni falta que te hace, el ruido de sus zancadas es suficiente para saber que están ahí, detrás de ti y se acerca con un ritmo suave.

Sigues buscando en la mochila, pero sin dejar pasar la ocasión de exhibirte a los ojos de esos desconocidos. Empiezas un ritual para atraerlos a ti. Así, balanceando ligeramente tus caderas provocas el movimiento sensual de tu culito, el cuál mantienes descaradamente en pompa para su disfrute. Los invitas a imaginar como debe ser follarte como a una perra, a poner en pie sus herramientas con tu presencia, deseosas de unirse a ese vaivén hipnotizante.
"Pedazo de putita ¿te has fijado como mueve la cola?" - comentan entre ellos, con la voz entrecortada por el esfuerzo.
Los escuchas y sonríes excitada.
Tienes completamente atrapada su atención. No puedes evitarlo y con una mano te acaricias frenéticamente por encima de las mallas, dejando ir algunos gemidos que los vuelven a atraer a ti. Inclinada tu escote, brillante por el sudor, queda a merced de sus miradas. Notas como se endureces los pezones. Vuelves a sonreirles en señal de aprobación y sigues masturbándote, aún con más fuerza si cabe.
"La próxima vez voy a tener que ponerte la correa y el collar antes de salir de casa, pareces una perra en celo..." - Se perfectamente que me pueden oír, como se que sentirte humillada de esta forma te excita aún más. Putas perversiones que nos vuelven locos.
"¡Serás cabrón! ¡Vas hacer que me corra aquí mismo! ¿te gustaría verdad?" - me espetas.
"Siempre incitándome, recuérdame que a parte de la correa y el collar, te amordace..."
"mmmmmmmm... no tieeeenes huevos para sacarme así a la calle, ¿o siiií?" - estás en medio del clímax.
"ya veremos, por cierto ¿ya has encontrado la botella? Aunque quizás sería mejor que te chupase el conejito, lo estás dejando todo mojado... ¿fíjate como has puesto tus dedos?" - se ven tan apetitosos.
Te incorporas mirándome a los ojos, y con la mano que no tienes agarrada la botella te bajas de un golpe el top, dejando tus tetas al aire.
"¡Ven y chupa mis pezones si quieres agua! ¿o tengo que venir a buscarte y agarrarte por el rabo?"

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