¿Te excita sentirte observada, verdad? - una pregunta retórica, pues con sólo extender mi mano mientras conduzco puedo notar lo mojada que estas.
Cada vez que te digo de ir de compras se te ilumina la mirada, y esa sonrisa perversa que me tiene loco se dibuja en tus labios. No es tu primera vez, pero noto en ti esa misma euforia mientras te preparas para salir a hacer travesuras. Del armario escoges un top blanco ajustado, una minifalda tejana y sandalias. Una ropa adecuada para, llegado el momento, desprenderse rápidamente. Al mirarte el espejo desde la cama, no me queda duda que cortarás la respiración del que nos crucemos ¡y eso que lo dejas todo a su imaginación!
Salir de casa para ir a buscar el coche y empezar a ver los efecto. Las miradas furtivas investigando cada una de tus curvas no hacen más que ponerte más cachonda, quieren verte desnuda... y, la verdad, no te importaria darles lo que desean. Sólo la idea de pensarlo te excita sobremanera.
Una vez ya en el coche y de camino al centro comercial avanzamos un autobús lleno de gente. Justo después de pasarlo pones la mano encima de mi entrepierna.

"¡Frena un poco!" - te levantas ligeramente para bajarte la minifalda y dejarla caer al suelo. Nos ponemos a la par con el bus. Los pasajeros desde su altura no pueden verte la cara, pero si perfectamente las piernas. Una lástima porque tu sonrisa ha vuelto a dibujarse y eso sólo puede ser señal de diversión.
"¿Crees que me ven bien? Seguro que a más de uno ya se le ha puesto tiesa" - me dices provocándome.
"Pues que se la casque" - te respondo sonriendo.
"¡Ya, pero va a manchar el cristal!" - Te encanta ese lenguaje obsceno.
"Serás zorra, ¡hazle una foto no sea que pierdas el momento!"
Te haces un dedo a mi lado, tus gemidos llenan el habitáculo, mientras estamos parados en el semáforo. Puedo ver perfectamente el conductor mirando por el retrovisor, parece que has montado una buena dentro del bus.
Aceleramos dejándolos atrás.

Cada vez que te digo de ir de compras se te ilumina la mirada, y esa sonrisa perversa que me tiene loco se dibuja en tus labios. No es tu primera vez, pero noto en ti esa misma euforia mientras te preparas para salir a hacer travesuras. Del armario escoges un top blanco ajustado, una minifalda tejana y sandalias. Una ropa adecuada para, llegado el momento, desprenderse rápidamente. Al mirarte el espejo desde la cama, no me queda duda que cortarás la respiración del que nos crucemos ¡y eso que lo dejas todo a su imaginación!
Salir de casa para ir a buscar el coche y empezar a ver los efecto. Las miradas furtivas investigando cada una de tus curvas no hacen más que ponerte más cachonda, quieren verte desnuda... y, la verdad, no te importaria darles lo que desean. Sólo la idea de pensarlo te excita sobremanera.
Una vez ya en el coche y de camino al centro comercial avanzamos un autobús lleno de gente. Justo después de pasarlo pones la mano encima de mi entrepierna.

"¡Frena un poco!" - te levantas ligeramente para bajarte la minifalda y dejarla caer al suelo. Nos ponemos a la par con el bus. Los pasajeros desde su altura no pueden verte la cara, pero si perfectamente las piernas. Una lástima porque tu sonrisa ha vuelto a dibujarse y eso sólo puede ser señal de diversión.
"¿Crees que me ven bien? Seguro que a más de uno ya se le ha puesto tiesa" - me dices provocándome.
"Pues que se la casque" - te respondo sonriendo.
"¡Ya, pero va a manchar el cristal!" - Te encanta ese lenguaje obsceno.
"Serás zorra, ¡hazle una foto no sea que pierdas el momento!"
Te haces un dedo a mi lado, tus gemidos llenan el habitáculo, mientras estamos parados en el semáforo. Puedo ver perfectamente el conductor mirando por el retrovisor, parece que has montado una buena dentro del bus.
Aceleramos dejándolos atrás.


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